
Bacalao a la sartén con salsa de mantequilla y limón: un plato de calidad de restaurante hecho de forma sencilla
Preparación:
La clave de esta receta es lograr una costra dorada y crujiente en el bacalao sin cocinar demasiado su delicada carne. Rebozar el pescado en harina ayuda a que se selle perfectamente y conserva la humedad.
Cocinar con aceite de oliva y mantequilla proporciona equilibrio: el aceite evita que se queme mientras que la mantequilla aporta sabor.
La salsa se prepara rápidamente en la misma sartén, capturando los trozos sabrosos que quedaron del pescado.
Al combinar la frescura del limón, la riqueza de la mantequilla y los aromas del ajo y el perejil, se crea un plato perfectamente equilibrado que se siente sofisticado pero fácil.
Variaciones:
Esta receta combina de maravilla con otros pescados blancos como el eglefino, el fletán o la tilapia. Para una opción más ligera, puede omitir el enharinado y simplemente sellar el pescado con condimentos.
Para agregar más profundidad, considere incorporar un chorrito de vino blanco a la salsa en lugar de caldo.
Si te gusta un toque picante, una pizca de hojuelas de pimiento rojo en la salsa de mantequilla agrega calidez sin dominar los sabores.
Para una comida más abundante, sirva el bacalao sobre arroz, puré de papas o pasta, dejando que la salsa funcione también como aderezo sabroso.
Consejos:
Seque el pescado con palmaditas antes de engrasarlo para asegurar una capa crujiente y evitar que se pegue. Use una sartén antiadherente o bien sazonada para mantener los filetes intactos.
Evite sobrecargar la sartén para que el pescado se selle uniformemente en lugar de cocinarse al vapor. Si los filetes son muy gruesos, puede terminar de cocinarlos en un horno a 180 °C (350 °F) durante unos minutos después de sellarlos.
Pruebe siempre y ajuste la salsa antes de servir: a veces, un chorrito extra de limón o una pizca de sal hacen toda la diferencia.
Conclusión
El bacalao frito con salsa de mantequilla de limón es una prueba de que ingredientes simples pueden crear sabores extraordinarios.
Con su corteza crujiente y dorada y su salsa brillante y mantecosa, este plato logra el equilibrio perfecto entre elegancia y comodidad, lo que lo convierte en una receta a la que volverá una y otra vez.