El estuche no tiene una forma ni un color único. Puede estar compuesto por cabellos, fibras textiles, restos de hojas, hilos de ropa, partículas de polvo, arena o fragmentos de origen vegetal y animal. Por esa razón, su apariencia cambia según el ambiente donde se desarrolle. En algunas casas se ve más claro, en otras más oscuro, y suele mimetizarse con la superficie donde se encuentra, lo que explica por qué muchas personas lo confunden con suciedad adherida a la pared.
Estos pequeños estuches suelen aparecer en lugares poco transitados, como esquinas altas, techos, detrás de muebles, armarios o rincones donde la limpieza no es frecuente. Allí, la larva se desplaza de forma lenta y casi imperceptible, asomando apenas una parte de su cuerpo para avanzar y volver a ocultarse. Esta conducta le permite protegerse de posibles depredadores y pasar desapercibida dentro del entorno doméstico.
