En muchos hogares ocurre la misma escena: alguien detecta una pequeña forma alargada adherida a la pared o al techo y, por un instante, duda si se trata de polvo, un resto de suciedad o algún objeto extraño. Al observar con más atención, se descubre que no es algo inerte, sino un diminuto insecto doméstico que parece moverse lentamente. Se trata de la polilla porta estuche, conocida científicamente como Tinea pellionella, una especie discreta y poco conocida que suele generar sorpresa, pero rara vez representa un problema real.
A diferencia de otras polillas del hogar asociadas a daños en ropa o alimentos, esta especie destaca por un comportamiento muy particular. Su rasgo más llamativo aparece durante la etapa larvaria, cuando el insecto construye y transporta un pequeño estuche protector que funciona como refugio y, al mismo tiempo, como fuente de alimento. Esta estructura es elaborada por la propia larva utilizando materiales que encuentra en su entorno inmediato, lo que la convierte en una verdadera obra de adaptación.
