- Actuar como potentes antioxidantes que combaten los radicales libres.
- Mejorar la concentración y la memoria a corto plazo.
- Acelerar el metabolismo y favorecer la quema de grasas.
- Reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, según estudios científicos.
- Disminuir la probabilidad de sufrir diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares cuando se consume con moderación.
Pero estos beneficios pueden verse disminuidos al añadir leche, especialmente leche de origen animal, debido a ciertos componentes que interfieren en su absorción.
La interacción entre la leche y el café
La leche contiene proteínas como la caseína, que al mezclarse con los polifenoles del café, forma compuestos difíciles de absorber en el organismo. En términos simples, esto significa que al beber café con leche, el cuerpo recibe menos antioxidantes que al tomar café solo. Y dado que los antioxidantes son una de las principales razones por las que el café se considera saludable, reducir su biodisponibilidad limita sus efectos positivos.
Problemas digestivos: lactosa y sensibilidad
Otro de los grandes motivos por los que no es recomendable abusar del café con leche es la digestión. Muchas personas tienen algún grado de intolerancia a la lactosa sin saberlo. La lactosa es el azúcar natural de la leche y, cuando el organismo no produce suficiente enzima lactasa para descomponerla, aparecen síntomas como:
- Gases y flatulencias.
- Dolor o cólicos abdominales.
- Inflamación o hinchazón estomacal.
- Diarrea o deposiciones blandas.
Al mezclar café, que ya es un estimulante gástrico, con leche, el riesgo de sufrir molestias digestivas aumenta. Esto no le ocurre a todos, pero sí a una gran parte de la población.
