El café, debido a sus compuestos, es naturalmente ácido. En personas sensibles, esto puede provocar reflujo gastroesofágico, sensación de ardor o molestias estomacales. Cuando se añade leche, la percepción es que suaviza el sabor, pero en realidad, puede intensificar la acidez en algunos organismos. Por eso, quienes sufren gastritis o reflujo suelen tener más molestias cuando combinan ambos ingredientes.
Calorías extras que no se ven
El café solo prácticamente no tiene calorías. Una taza de café negro aporta apenas 2 o 3 calorías. Sin embargo, al añadir leche entera, semidescremada o incluso deslactosada, la bebida ya incluye azúcares naturales y grasas. Si además se suma azúcar o endulzantes artificiales, lo que parecía una bebida ligera puede convertirse en una bomba calórica diaria. Para quienes buscan controlar el peso o mantener una dieta equilibrada, el café con leche puede ser un obstáculo.
El efecto sobre la energía
Otro aspecto interesante es cómo la leche altera el efecto estimulante del café. Cuando se toma café negro, la cafeína llega rápidamente al torrente sanguíneo y se siente un aumento de energía y concentración en poco tiempo. Al añadir leche, este efecto se ralentiza, porque la grasa y las proteínas de la leche retrasan la absorción de la cafeína. Esto no es necesariamente malo, ya que puede brindar un efecto más prolongado, pero para quienes buscan un estímulo inmediato, el café solo es más efectivo.
